lunes, abril 07, 2008

La ley del precio único del libro o el engaño

En el Senado de la República se quiere aprobar - de nueva cuenta - la ley del precio único del libro. El 26 de diciembre de 2007 publicaba yo:

Sin nueva ley del libro, las ventas de libros suben en 2007

A pesar de que los editores se rasgan las vestiduras acusando al ex presidente Fox de vetar la ley del libro, los libros se venden más que nunca en México. ¿Porqué? Porque hay competencia económica, es decir, cada vez hay más librerías cercanas a los lectores y la clase media mexicana además se ha recuperado en los últimos años, como explica hoy Jorge Castañeda en Reforma. Resultado: los libros se venden más, sin necesidad de precios únicos. La competencia funciona. El precio único solamente la inhibirá, premiando a los ineficientes y castigando a los lectores. Copio de Milenio Diario de hoy:

Los números en la industria editorial mexicana cada vez suenan más interesantes: entre 2005 y 2006 hubo un crecimiento de 6.5 por ciento, de acuerdo con datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, que no incluyen las ventas de ejemplares para Bibliotecas de Aula y Escolares, lo que hace más significativa la cifra.



Hoy, Carlos Marín escribe en Milenio Diario:

¿Precio único de libros?

Manlio Fabio Beltrones, Santiago Creel y Carlos Navarrete, coordinadores del PRI, PAN y PRD en el Senado, están en un aprieto del que sólo pueden salir si se asesoran con los más avezados en cultura, comercio y, sobre todo, en la garantía esencial de los individuos y las sociedades: la libertad.

Y es que los panistas que encabezan las comisiones de Educación y de Estudios Legislativos, Fernando Elizondo y Alejandro Zapata, en un acto sin precedentes en el Congreso, promueven dejar sin efecto las observaciones con que Vicente Fox vetó la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro que imponer que haya precios únicos en el mercado nacional de libros.

Ellos dicen responder a “la necesidad de establecer bases que le confieran sustentabilidad a toda la cadena del libro, desde el autor hasta el lector potencial, y no que el mercado esté centrado únicamente en los principios de la competencia de precios”.

La resurrección del tema remite a la vieja discusión de si es o no tarea del Estado imponer precios, en este caso no directamente sino confiriéndole al editor fijar el precio de cada una de sus ediciones, y quitándoles a los vendedores (los detallistas en el libre mercado) esta libertad.

Teóricamente, la fijación de un precio único propicia la lectura y se fortalece la cultura porque los libros, se supone, “alimentan en espíritu”.

¿Y el cuerpo?

Entre los argumentos en contra están los de la libertad de comercio y los que apuntan hacia la mera sobrevivencia: ¿por qué no hay un precio único para los tacos de nana, buche o arrachera?

¿Y qué con la salud?: a los medicamentos les fijan un “precio máximo”, pero no un “precio único”.

O qué con los precios del boleto para el cine y el transporte público.

Fox alegó en su veto inequidad, y advertía que “ciertos productores abusan de su poder de mercado para imponerle a los consumidores condiciones de calidad y precio menos favorables que en situaciones de libre competencia”, y alertaba que el precio único “desplazaría a aquellos agentes vendedores de libros al menudeo que son más eficientes en términos de precios”.

Elizondo y Zapata ponen como ejemplo las experiencias de España, Francia, Alemania y Argentina.

Inglaterra (con el mayor consumo de lectura en el mundo) experimentó una ley similar pero terminó dejando las cosas como estaban: en manos de los comerciantes… y la venta de libros aumentó 30 por ciento.

En México, casi el 85 por ciento de la oferta de libros está en manos de trasnacionales (descomunales tiradas), unas cuantas frente a una mayoría de medianos editores cuyas ediciones no superan los dos o tres mil ejemplares.

Así que aguas Beltrones, Creel y Navarrete, no vayan a cometer una pendejada.

No hay comentarios.: